Recesión y rescates bancarios

El  ahorro, la mejora en los procesos y el mercado pueden restituir el funcionamiento del sistema. Las actuaciones públicas han de eliminar el despilfarro, evitando los rescates de entidades privadas y facilitando la actividad de forma eficiente.

 

En caso de accidente o de avería de un vehículo que queda tirado en medio de la autopista, no se producen simples retenciones, sino que el atasco es mayúsculo. El equivalente económico es la recesión o un desastre natural en la que hay muchas  entidades quebradas, que no pueden seguir operando. ¿Qué se hace en la autopista? Quitar del medio los vehículos inmovilizados. No los arrastran con grúas a baja velocidad, por delante de los vehículos que están intactos, entorpeciendo así la marcha de todos, sino que sencillamente los apartan.

En peligro de quiebra de una empresa está claro lo que hay que hacer: o evitar la quiebra mediante la desaparición de la empresa y la absorción de los activos de la entidad quebrada por otra entidad a bajo precio, asumiendo sus obligaciones de pago negociadas con los acreedores o liquidar los bienes de los quebrados entre los acreedores de forma que reciban estos al menos una parte de sus créditos y todo vuelva a empezar desde esa nueva posición, por lo que resulta sorprendente que no se actúe así en caso de los bancos.

Cuando un banco está quebrado los poderes públicos lo mantienen a costa de dedicar recursos detraídos del sistema y obtenidos de los impuestos de todos, con lo que para hacer que vuelva a funcionar un banco quebrado reducen la marcha de todo el mundo, que de una forma o de otra tiene que afrontar globalmete mayores pagos para avanzar. No parece lógico ralentizar la marcha de todo el sistema, cuando hay otros mecanismos que pueden aplicarse que sólo afectarían a la entidad con problemas y sus acreedores.

Lo efectivo y necesario en caso de crisis es restablecer la capacidad de todos los agentes para conseguir liquidez real vía ahorro, o sea consumiendo menos de lo que producen, empezando y actuando de forma ejemplar, por parte de los agentes económicos con mayor peso:

-El estado ha de cortar por lo sano el déficit, eliminando el despilfarro y los privilegios, evitando todo gasto que no sea necesario, mejorando la operación de toda la administración, de forma que al gastar menos necesite menos impuestos y reducir las trabas para la creación de empresas.

-Los bancos han de asegurarse de que los créditos se van a cobrar y van a tener el precio que marque el mercado, reducir costes de operación con aplicación de tecnologías y dedicar menos recursos a inversiones especulativas o de riesgo.

-Las empresas han de afinar sus métodos de producción mejorando sistemáticamente sus operaciones, su innovación y calidad y su gestión de cobros.

-Los particulares deben evitar el endeudamiento que suponga vivir por encima de sus posibilidades y evitar pedir créditos que no van a poder devolver.

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