CONDUCTA.- Comentarios Globales

El modelo sólo explica cómo son las cosas, y no porqué no son de otra manera. Tampoco da respuesta a las preguntas personales fundamentales, si bien desmitifica muchas ‘verdades oficiales ‘difundidas y alentadas por todas las clases de poder que han habido y da la oportunidad de evitar considerar las cosas en términos de ‘bueno’ o ‘malo’ recuperando uno mismo el control de sus actos y sus sentimientos.

Son muchas las personas que siempre han actuado de acuerdo sus convicciones pero cargando muchas veces en el fondo la culpa por haber pasado la ralla marcada por quien tenía poder para ello acechando e impidiendo al ser humano ser uno mismo. Bien es verdad que probablemente ‘todo lo ocurrido’ era necesario y que puede que sin un montaje de poder bastante complejo la Humanidad no hubiera llegado al estadio actual.

Sin embargo el momento presente, con comunicaciones interplanetarias instantáneas, tiene en si mismo bastantes elementos para un salto cuántico, que sirva para que los seres humanos en conjunto o un gran número de nosotros tomemos una nueva conciencia, y una nueva manera de enfocar nuestra conducta por primera vez no basada en representar la comedia de la coacción ni del conflicto siguiendo intereses minoritarios.

Con una gran frecuencia hombres y mujeres grandes, en busca de ‘la verdad’ han creado muy a su pesar movimientos que han acabado haciéndolos a ellos, o mejor a sus sucesores, líderes o ídolos involuntarios e interesados. Sin embargo en el origen de muchos de esas religiones o movimientos que han existido en la historia puede detectarse que sus fundadores eran personas que fomentaban la aparición de hombres libres de toda atadura orientados a fines tan grandes como elevados, cuyos resultados estábamos destinados a disfrutar todos, muy apartados del poder humano y de toda clase de intérpretes.

Esas personas auténticamente grandes, de la misma manera que no hallaban culpa en los hombres, tampoco los consideraban merecedores del calificativo de buenos, poniendo el objetivo de la bondad humana al alcance de cualquiera realmente interesado.

Creo que no sería una idea trivial pensar que puede haber un mundo sin buenos ni malos, sino personas que comprenden las motivaciones de los demás y se libran de la necesidad de jugar papeles que no han escrito, ofreciendo lo mejor que son capaces de crear a los demás.

En efecto: aunque no se puede deducir directamente del modelo, si puede intuirse a modo de conclusión que se nos ha estado engañando durante siglos: las filosofías que se han difundido, han estado alentadas por quien ha tenido poder e interés para difundirlas con un fin perfectamente utilitario. Así las visiones del mundo que han dado las religiones y la moral derivada de ellas han sido un instrumento de coacción para controlar por las buenas o por las malas a los humanos.

Se ha intentado reproducir a sí misma una cultura sojuzgadora de las personas, que ha servido bien al poder: no hay en la historia que conocemos imperios o poderes absolutos que no hayan tenido asociados a sus líderes ‘políticos’ una clase sacerdotal más o menos a la vista, más o menos clásica, pero siempre conservadora, guardiana de ‘la verdad’, ‘pontífices’ e intérpretes de la supuesta voluntad divina, que no han dudado en apoyar los mayores desmanes cuando estaba en juego la permanencia del poder que los apoyaba.

Los sacerdotes han adoptado distintas formas pero siempre se han distinguido por revestirse de alguna clase de uniforme que los ha diferenciado del resto y sin el cual perdían su credibilidad de cara al pueblo: señal de que su autoridad era una farsa, que requería un buen maquillaje.

En los estados modernos, esta imagen es más difícil de encontrar por la mayor complejidad de las relaciones de poder. Tras la caída del ‘antiguo régimen’ en la revolución francesa está de moda el estado ‘laico’ y la ‘democracia’. Como continuación de la corriente nacida con el espíritu pre-científico renacentista y su mejora posteriormente en el ideal enciclopedista de la ilustración, los nuevos estados (y también toda clase de charlatanes) sacan partido de la ciencia como nueva religión y nuevo pontificado capaz de justificar cualquier cosa, desde la impunidad de una nueva verdad absoluta.

Además la Religión clásica que nunca ha perdido del todo su paganismo original, sin que llegue tampoco a desaparecer en ningún caso, se entremezcla diluye y sustituye parcialmente por otras uniones espirituales y creencias como el capitalismo, el nacionalismo, el socialismo, el nacismo y cualquier otro ‘ismo’ defendido por partidos políticos muchos de los cuales siguen declarándose ‘confesionales’.

Sin contar con la proliferación de las múltiples religiones nuevas, neocristianas, neopaganas, mágicas y satánicas incluidas, horoscópicas de todo tipo, cuya finalidad sigue siendo la misma: para el que está ‘arriba’ ganar poder, en cualquier forma (sobre todo en forma de dinero) y para los que están ‘abajo’, supuestamente su ‘salvación’ espiritual.

En cualquier momento de la Historia, cuando la voluntad individual se somete a la voluntad y criterio de un líder, y se ve la realidad a través de las explicaciones e interpretaciones del líder o ídolo, se pierde la oportunidad de ser persona y se está a un paso de la anulación propia.

Nadie es tan bueno que dirige a los demás sólo por el bien del grupo, si no está sometido a un control efectivo de los demás.

Hemos de estar alerta sobre la sociedad que viene: La moral y las leyes son dos formas de ejercer el control, la una apelando a supuestos valores espirituales (o divinos) y la otra apelando al bien común de la sociedad. Es esencial participar en la creación de la moral y las leyes, Por eso es esencial participar en el juego político.

Las doctrinas morales han sido útiles a la Humanidad permitiendo a los habitantes de la Tierra vivir cada vez más en un entorno de respeto a los otros, desde el “ojo por ojo” inicial al “amaos los unos a los otros”. Y también las leyes, conforme ha ido tomando cuerpo el estado laico, impulsan a los ciudadanos a no pasarse de la ralla, bajo penas progresivas para evitar con más fuerza aquello que se supone más dañino para la convivencia.

Curiosamente los ‘nobles’ y poderosos de toda clase han estado siempre exentos del cumplimiento estricto de los preceptos pensados para el pueblo. Véase en las ‘revistas del corazón’ los perpetuos amoríos y desmanes de la ‘gente guapa’ completamente vetados a un público que se declara según las encuestas como creyente católico. Se puede imaginar, para contrastar el efecto, por un momento el escándalo que se organizaría si un familiar nuestro se viera envuelto de lleno en uno de los innumerables casos de infidelidades y ‘pelotazos’ que surgen cada semana retransmitido en directo por la televisión. Piénsese que siempre es posible para un poderoso acusado de corrupciones millonarias conseguir la ‘libertad provisional’, pero ‘ay del pobre que robe una gallina’. Al final la moral y las leyes sirven preferentemente para controlar a las masas.

En la práctica las actuaciones inducidas por la moral o las leyes, que indican la manera de actuación ‘correcta’, está siempre la manipulación del pueblo en favor del interés de quienes dominan el grupo. El supuesto derecho ‘natural’ que hay detrás de toda calificación sea religiosa o civil tiende a consolidar las cosas como son, y es por su propia naturaleza, conservador.

Pero la evolución de las sociedades hacia sistemas de manipulación que harán palidecer los métodos históricos, es ya patente. Vienen nuevas formas de manipulación, más sofisticadas y por ello más difíciles de contraatacar.

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