La fragilidad de nuestra civilización

Otras civilizaciones se extinguieron hace tiempo. La nuestra tiene elementos que la hacen extremadamente frágil. Muchos de ellos se juntan ahora para hacerlo todo más difícil. ¿Cuantas generaciones se va a mantener nuestro sistema de vida dependiente de la energía, de la tecnología y de la financiación cuando ya ha desaparecido el cemento de los valores tradicionales que nos unían?

EVOLUCIÓN DE LA SOCIEDAD DESDE LA PREHISTORIA A LA ACTUALIDAD. La sociedad ha acabado con la miseria inicial de la Prehistoria, pero se ha metido en otros problemas.

Palmera en la playa de la Historia

En la Prehistoria la gente se organizaba como podía en tribus. La vida se desarrollaba en común y todos tenían alguna ocupación. Se asume que los hombres eran cazadores y las mujeres cuidaban de los niños y de la ‘casa’. Cuando se inició la agricultura y la ganadería, y con ella los asentamientos estables y la aparición de la manufactura y el comercio, la vida de la sociedad se volvió más compleja, los roles más definidos por la especialización de los oficios, que generalmente pasaban de padres a hijos. La escuela era la propia familia. Todo ello hacía muy sencillo mantener el tipo de vida. Los excedentes de las cosechas y de la venta de ganado se empezaban a convertir en capital, promocionando el comercio en una forma de capitalismo primario.

La acumulación de poder y la creación de grandes imperios, aún basados en una sociedad de agricultores y ganaderos, como lo fueron el imperio babilónico, el persa y el egipcio coincide con la aparición de la escritura, invento al servicio del poder, imprescindible para dejar constancia de las leyes, registrar las propiedades y contabilizar los impuestos. El gran invento del dinero en forma de moneda, facilitador de las transacciones comerciales y elemento muy potente con el que contaban los estados para garantizar su mantenimiento, fué decisivo en la creación de otra clase de imperios, esta vez militares, como el de Alejandro que acabó conquistándo los otros grandes imperios vecinos de oriente medio de la antiguedad y luego el romano, expandiéndose a lo largo de siglos.

El imperio egipcio había durado cerca de 3000 años, manteniendo esencialmente el mismo sistema de vida y estando ensamblado con las creencias en sus dioses y en sus valores. Cada forma de estado de la antiguedad ha tenido su religión y sus creencias, que han servido para la transmisión de valores útiles para la vida en sociedad.

Desde el máximo esplendor del imperio romano hasta la actualidad ha transcurrido menos tiempo que el de la duración del imperio egipcio, y aunque la religión dominante en Europa ha sido el cristianismo, han habido una diversidad de naciones surgidas del propio imperio romano, cismas en los aspectos religiosos y sobre todo un cambio espectacular en la complejidad creciente de la sociedad hasta hoy día, siendo la revolución industrial y luego la revolución tecnológica lo que más modificó las estructuras de la sociedad. El consumo masivo de energía y posteriormente de fuentes de información, ha supuesto más avance en producción de bienes y en los conocimientos atesorados por la humanidad y en su forma de vida en los últimos dos siglos que en toda la Historia anterior. Tenemos un poder enorme sobre nuestro entorno y a veces, cuando conocemos los avances en la Bioquímica y en la Astronomía nos da la sensación de que casi dominamos la Naturaleza.

Una sociedad que ha abrazado  la democracia burguesa con alternancia de partidos como la mejor forma de gobierno de la que nos hemos dotado, al haber resuelto el problema de la sucesión en el poder y de un mejor reparto de las cargas sociales, como la experiencia de las últimas guerras mundiales y de la guerra fria han demostrado, por reducción al absurdo, acabando con las aventuras tiránicas socialistas de todo tipo, tanto fascistas como comunistas.

EL TALÓN DE AQUILES DE NUESTRA SOCIEDAD: MATERIAL (ENERGIA, TECNOLOGÍA, FINANCIACIÓN) Y MORAL (VALORES). Tenemos más poder que nunca pero pies de barro.

Maceta con flor, ejemplo simple de dominio de la Naturaleza

En nuestro mundo moderno dependemos de la energía, de la tecnología y de la financiación para mantener nuestra forma de vida. Además, en lugar de que los ciudadanos crean en valores patrióticos y en la familia, los valores predominantes han ido evolucionando y ahora se fomentan el individualismo y se autorizan prácticas que afectan a la propia reproducción y supervivencia de la sociedad, como son el matrimonio homosexual, el aborto, la eutanasia.

  • La energía escasa se soluciona con nuevas fuentes o plantas de energía. Pero cada vez es más difícil operar en nuevos posibles yacimientos al estar más difícil su acceso y por los problemas medioambientales que produce. Se necesitan urgentemente nuevas fuentes de energía que no sean nocivas con el medio. Pero sobre todo se necesita fomentar prácticas que reduzcan el consumo de energía por habitante, desde viviendas construidas pensando en el consumo energético a trabajos más cerca de casa, incluido el teletrabajo, o a los que se pueda acceder con transporte público.
  • La tecnología tiene un factor peligroso que es el del monopolio. Los particulares y los estados deberían evitar situaciones de monopolio que se traducen en la práctica en manipulación y alto precio. En el software hay que apostar por el software libre, que por su origen evita el monopolio. Y hay un factor de fondo que es el uso masivo de la tecnología. Si fallara internet un solo día se produciría un caos total. Habría que ver la forma de no depender tanto de las tecnologías, fomentando prácticas en las que no sea necesaria, como reuniones familiares y de amigos en lugar de tanta TV y tanto internet , volviendo, o no olvidando,  la escritura y cálculo manuales. En las escuelas habría que seguir enseñando conocimientos básicos en los que la tecnología no entrara, junto con el uso de instrumentos tecnológicos.
  • La financiación del estado se arreglaría haciendo que las estructuras de los estados fueran mínimas. Ahora tenemos un montón de colegios y profesores. Nuestra sociedad no puede funcionar sin escuelas. Los oficios son demasiado complejos para que la tecnología se transmita en la familia. Nuestra sociedad necesita un montón de hospitales y médicos. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a que la medicina sea una especie de seguro a todo riesgo y no se resigna a estar expuesta a la enfermedad. Es preciso encontrar un balance entre las necesidades y la disponibilidad de dinero. Para mantener dos servicios elenciales no podemos endeudar el estado de forma que sea inviable y habrá que gestionar muy bien los recursos, con criterio empresarial, que evite entrar en quiebra por mantener esos servicios. No hay nada de malo en tener 40 alumnos en las clases o 2 camas en cada habitación de hospital, aunque lo deseable sea menos alumnos por clase y habitaciones individuales. No tiene sentido que la educación pública mantenga alumnos que no estudian o que la sanidad pública atienda gratuítamente abortos y usuarios que no han contribuido a su financiación.
  • La financiación de las familias tendría que volver a la cultura del ahorro y del sacrificio. En los últimos tiempos lo queremos todo: una buena casa, un buen coche, viajes de vacaciones, ropa selecta, buenos colegios para los niños, salir a cenar de vez en cuando, espectáculos… Hay que hacerse la idea de que lo que producimos ha de servir para mantener entre otras las pensiones, los hospitales y los colegios. No tenemos crédito ilimitado. Si no se puede uno comprar el coche este año, se aguanta un par de años más y se ahorra mientras tanto. Sin ahorro no puede funcionar el sistema.

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LA CUESTIÓN DE LA SUPERVIVENCIA. Sobreviviremos si rectificamos o sobrevivirán otros que no necesitan casi nada para mantenerse.

El futuro, ¿sueño o pesadilla?

El problema estaría resuelto si a partir de ahora rectificáramos, lo hiciéramos bien y pudiéramos vivir aislados en nuestra burbuja de bienestar. Pero estamos en un mundo global y a nuestro lado viven otras comunidades que no han perdido sus valores y creencias y por tanto se sienten unidas, que no necesitan ir a la moda ni usar el vehículo más moderno, que les basta sentarse en una simple alfombra para compartir la comida entre todos. En caso de colapso energético y de la tecnología no notarían grandes cambios, porque las usan menos y desde luego no dependen de la financiación para conseguir sus fines. En mi opinión mejor dotadas para la supervivencia que nuestra civilización.

Si al menos hubiera una corriente de pensamiento entre nosotros que abogara por afianzar el valor de la familia, del esfuerzo como forma de conseguir los fines legítimos de cada cual y que fuera lo suficientemente austera para dar origen a estados que no nos esquilmen, y que persiguiera la corrupción de los políticos como un crimen masivo, porque el despilfarro, la subvención, el amiguismo afectan a multitud de ciudadanos, quizá podríamos mantener lo esencial de nuestra civilización.

En definitiva, se necesita implantar en la sociedad unos valores que la protejan. Los gobiernos debían dedicar parte de su esfuerzo a determinar cuales son los puntos débiles de nuestra sociedad y reforzarlos. Pero siendo sincero, yo no atisbo ni por asomo nada parecido en el horizonte, ni en España ni en Europa. Nuestra civilización, tal como la conocemos tiene los años contados. No sabemos nada del futuro. No tenemos ni idea de si será un sueño o una pesadilla.

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2 comentarios en “La fragilidad de nuestra civilización

  1. Muchas gracias por tu comentario. Los gobiernos suelen actuar pensando en el corto plazo, mirando de reojo las encuestas de popularidad, intentando asegurarse la reelección. Iniciativas de alcance global tendrían que tomarse como prioritarias, pero no parece que haya intención.

  2. Comparto tus criterios y tu preocupación por el futuro. El eslogan publicitario de una popular compañía de telecomunicaciones dice “el futuro es brillante” pero desde mi humilde punto de vista yo lo veo “nublado”. Nosotros los isleños tercermundistas también estamos preocupados, peor a nuestras autoridades no parece importarle el asunto. Saludos desde República Dominicana!

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