Vacaciones: la crisis no es subdesarrollo

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 1 de julio de 2013

Nos metemos de lleno en julio y gran parte del país se toma vacaciones. Esto de las vacaciones es algo que ahora es un derecho, que todos nos merecemos después de otro año duro de subidas de impuestos, de malestar generalizado, de aguantar el tipo un poco más. Porque en este juego de la crisis, como en otros muchos, quien aguanta gana la partida. Dejamos atrás, al tiempo que nos alejamos con el coche del lugar de residencia, todos esos equilibrios que ha habido que hacer durante un largo año, y, conforme nos alejamos, vamos cerrando un capítulo con la esperanza de que a la vuelta será todo mejor. Que se haya acabado la recesión, el empleo vuelva a crecer y se vayan terminando poco a poco tantos dramas familiares que se han ido agrandando conforme nuestros jóvenes no encontraban salida y nuestros mayores, aún con plena capacidad de trabajar, quedaban en el dique seco. Esta crisis se ha llevado por delante la ilusión y la capacidad profesional de mucha gente. Pero aún así otros muchos tendremos vacaciones.

Sin embargo recuerdo cuando era niño lo que se conocía como la España del subdesarrollo. Las tiendas eran las de ultramarinos y las bebidas se compraban en la bodega, el “motocarro” era vehículo de transporte común y existía “el carro de la basura”: un carro, tal cual, movido por un caballo. La diferencia de clases quedaba marcada con sólo ver que SEAT producía dos coches: “el 600” y “el 1500” (luego aparecerían “matices”, acercando los extremos, conforme se configuraba una clase media, con “el 850” y “el 1430”). Venían turistas de otros países, de Francia sobre todo, que pilla más cerca, ellos si, de vacaciones, al tiempo que gran parte de la población realizaba otro viaje, este para quedarse, que hizo que el campo se fuera despoblando, para hacer crecer nuestras grandes ciudades. Los autóctonos entonces tenían pluriempleo. Mi padre sin ir más lejos tenía tres empleos: el de la Papelera del Mijares (ahora en ruinas), como mecánico, la mayor parte del día, todos los días de la semana, de todas las semanas, incluso domingos por la mañana para hacer “la reparación” (como le llamaban al trabajo extra los domingos, en los que reparaban las máquinas de papel con los secadores aún calientes), y luego dos talleres mecánicos a los que acudía hasta bien entrada la noche para poder redondear los necesarios ingresos. Mi madre iba, en la temporada de invierno, al almacén de exportación, a empapelar y encajar naranjas. Otros españoles estaban en Alemania, porque emigraron allí, o aprovechaban las vacaciones para ir a la vendimia a Francia. O, sin moverse de su sitio, aprovechaban las vacaciones, trabajando para poder ganar una paga extra. El premio del “1,2,3, Responda Otra Vez” de Chicho Ibañez Serrador en TVE era EL COCHE. Era con lo que soñábamos los españoles: con tener un coche, un “utilitario” o un “turismo” (qué palabras más antiguas), para ir de vacaciones.

Ellos, los de esa época que tanto trabajaron, hicieron posible que tuviéramos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo: el de nuestra Seguridad Social, líder, como es, de trasplantes, del que ahora se discute que pueda privatizarse o gestionarse por empresas privadas. Pasamos de ambulatorios improvisados en casas habilitadas para ello, a modernos centros de salud y crecieron el número y la calidad de los hospitales. El turismo y la exportación, de la que la Comunidad Valenciana siempre ha sido ejemplo entre otras, hicieron el resto, para transformar un país en “subdesarrollo”, en uno “en vías de desarrollo” y luego en uno moderno con AVES y tal, que es en el que vivimos. El músculo social se puso de manifiesto en esos años, en que se pasó poco a poco de un sistema de precios y sueldos bajos, agricultura y autarquía a un sistema abierto y competitivo industrial, en el que llegamos a ser los quintos productores de coches del mundo, con todo lo que eso significa.

Ahora, medio siglo después, casi todos tenemos un coche (con muchos más caballos y sobre todo más airbags que los seiscientos). Los que podemos, nos vamos de vacaciones, hay muchos problemas por resolver, queda mucho por hacer: castigar y eliminar la corrupción, encarrilar el gasto público para reducirlo al mínimo, hacer que el crédito se dirija hacia la empresa y el particular en lugar de a comprar deuda pública, porque sea más productivo y atractivo, dar un impulso a esto para volver a ponernos entre los países que prosperan. Pero, aunque solo sea por animar al personal, los que hemos vivido otras épocas sabemos que en la crisis se pasa mal, pero no tiene nada que ver con el subdesarrollo.

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