Realidad frente a ciencia ficción

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 29 de julio de 2013

Yo he conocido en Burriana las telefonistas de la central en el carrer el raval, ‘pinchando’ clavijas de los teléfonos para comunicar una conversación entre dos usuarios. Se descolgaba el teléfono con lo que se llamaba a la central, se pedía hablar con un número y la telefonista te comunicaba uniendo físicamente las líneas de ambos en un tablero de comunicación que tenía enfrente. Había muchas telefonistas. Muy poca gente tenía teléfono. Luego ya vino el teléfono ‘de góndola’ con rueda para marcar el número deseado automáticamente. Si querías tener en casa más de un teléfono de la misma línea, había que pagar un ‘supletorio’. Mucho más tarde, en una frenética carrera, fueron apareciendo en escena el digital, el inalámbrico (¡menudo invento, sin hilos!) y el móvil. El móvil al principio era de unos pocos ricos, que lo llevaban en el coche, era como un ladrillo y costaba ‘una pasta’. Luego fue de toda la familia, porque era un juguete que nadie se resistía a usar, y sólo había uno en casa. Ahora no se concibe que cada miembro de la familia no tenga móvil. Cualquier chaval tiene un ‘smartphone’. Si te tienen que decir algo te envían un ‘whatsapp’.

En cuanto a las televisiones, eran en blanco y negro y al principio había un solo canal de TVE. Luego vino el UHF, lo que ahora llamamos ‘La 2’. Acordaos cuando se empezó a retransmitir en color. Muchos años pasaron hasta que se crearon tres canales estatales: Antena3, Canal+ y Tele5 y otros cuantos hasta la TDT. En paralelo la TV evolucionó de ser de tubo a volverse plana y luego Led, FullHD, 3D… Los contenidos, en cambio, han ido a peor, o al menos esa es la percepción que muchos tenemos. La televisión ha pasado de considerarse un servicio público a ser un medio en el que muchas veces prevalece el objetivo de la ganancia rápida de ingresos, con la emisión de programas enfocados a satisfacer el morbo, sobre gente éticamente insignificante, traduciendo los antiguos corrillos del pueblo criticando a los vecinos, en circos mediáticos retransmitidos en directo.

Y si nos centramos en el mundo de la informática, yo fui pionero y a mis 15 años hice un curso de francés por ordenador, allá por 1968. La máquina ocupaba el espacio equivalente a un piso, su almacenamiento de datos consistía en tarjetas de cartulina perforadas y sus terminales eran máquinas de escribir eléctricas en papel continuo. Era esencial el sistema de aire acondicionado para evacuar la enorme cantidad de calor que se generaba en sus válvulas. Ponían en esa época “2001, una odisea en el espacio” de Stanley Kubrik y salía ‘HAL’, el ordenador que se vuelve malo. Ahora la mayor parte de las funciones que tradicionalmente realizaban ordenadores y otros instrumentos se han integrado en el móvil. Cualquiera tiene en su bolsillo más potencia de cálculo que la del ordenador HAL. No sabemos si estos se volverán en contra nuestra algún día, pero está claro que entre todos acumularían un enorme poder, pues nos tienen a todos enganchados.

Toda la tecnología a nuestro alrededor ha evolucionado muy rápidamente, a ojos vista. En ese remoto 1968 aún no se había pisado la Luna, pero estaban en ello. Fue en 1969 cuando eso ocurrió, pero un año antes la ciencia ficción imaginaba, como algo seguro, el establecimiento de una base lunar y un hotel en órbita. Muchas de las previsiones de esa época no se han cumplido. Muchas no se cumplirán porque, simplemente, no interesan a la gente. Pero otras han ido mucho más lejos de lo que previeron los creativos, sobre todo en el campo de la creación de nuevos materiales y de componentes y dispositivos electrónicos. Puede que las ilusiones de entonces fueran maximalistas, porque incluían también aspectos éticos y relativos a la trascendencia del ser humano. Ahora me parece a mí que la tecnología se está centrando más en la miniaturización, en el mundo de lo pequeño, más que en grandes proyectos conjuntos de la Humanidad. Los grandes proyectos de ese tipo, como la construcción de reactores de fusión de los que el ejemplo sería el proyecto ITER, que eviten la dependencia energética de combustibles fósiles, van a un ritmo desesperadamente lento para mi gusto. Y desde el punto de vista ético, hay bastante confusión sobre lo que se debe y no se debe hacer a escala global. En parte por la pérdida de muchos de los valores tradicionales del mundo occidental.

En fin, está claro que todo aquello que podamos imaginar, habrá alguien que lo acabará poniendo en práctica. La ciencia ficción ha sido un aliciente para el desarrollo tecnológico. Seguro que la realidad acabará superando la mayoría de sus previsiones, como ya ha ocurrido en muchos aspectos. En ocasiones para bien, y en ocasiones en una dirección que no añade nada mejor a lo que ya teníamos, a pesar del enorme coste de recursos dedicados.

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