Expectativas para el sigo XXI

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 11 de noviembre de 2013

Según Wikipedia: “Una expectativa es lo que se considera lo más probable que suceda. Una expectativa, que es una suposición centrada en el futuro, puede o no ser realista. Un resultado menos ventajoso ocasiona una decepción, al menos generalmente. Si algo que pasa es completamente inesperado suele ser una sorpresa. Una expectativa sobre la conducta o desempeño de otra persona, expresada a esa persona, puede tener la naturaleza de una fuerte petición, o una orden, y no solo una sugerencia.”
Y para Word Reference: “expectativa

1. f. Esperanza o posibilidad de conseguir una cosa:
“mantiene sus expectativas sobre el puesto”.
2. a la expectativa loc. A la espera de algo sin actuar:

“todavía no me han contestado, pero estoy a la expectativa.””

En la época que yo nací, a mediados del siglo pasado, la expectativa que teníamos en España era salir del subdesarrollo. Eufemísticamente se nos consideraba “un país en vías de desarrollo”. También había una expectativa por el cambio político que se tendría que producir después de Franco. En el resto del mundo se vivía el auge de la Unión Soviética y el enfrentamiento entre los dos grandes bloques resultantes de la agrupación de los vencedores de la segunda guerra mundial en torno a USA y a la URSS. La expectativa era posiblemente el fin de la amenaza permanente de un enfrentamiento entre esos dos bloques, en lo que se conoce como Guerra Fría, que aunque no fue directo, se libró, durante 20 años (!) en otros escenarios alejados de las metrópolis, como Vietnam y el resto de países de su entorno. Esa guerra fue perdida estrepitosamente por USA, que apoyaba a Vietnam del Sur, y se saldó con un enorme reguero de vidas humanas. Para entonces los medios de comunicación ya eran globales y todo el horror de la guerra se difundía en todas partes, creando un sentimiento anti-bélico, que acabó cambiando la mentalidad de la gente. Tecnológicamente, se vivía con orgullo la conquista de la Luna, la versatilidad de la química para producir nuevos productos como detergentes, plásticos, medicinas y se elucubraba con que los coches podrían ser voladores y se acabaría pronto el petróleo. No había en la escena, hasta final del siglo pasado, atisbo del boom de la informática y las comunicaciones personales que vino luego, salvo en la mente de adelantados como Kubrick que en su película ‘2001, una odisea en el espacio’, basada en una novela de Arthur C. Clarke, imagina un ordenador, ‘HAL 9000‘, tomando el control y siendo capaz de rebelarse contra la tripulación de una nave espacial. O George Orwell que en ‘1984‘ imaginaba para el futuro un estado absoluto y policial.

En este momento, cabe indicar que las expectativas que hubo de viajes espaciales van quedando bastante atrás en las prioridades imaginarias, por el extremo coste que suponen. Está claro que el petróleo no se ha acabado, aunque resulta preocupante que no se haya hecho ningún avance importante para garantizar la enorme cantidad de energía que se requiere para mantener nuestra imponente maquinaria productiva y de transporte actual. Los dos bloques que había se han transformado en tres: países ricos, países emergentes y países potencialmente peligrosos para los países ricos, que además en algunos casos sufren en su seno guerras y revueltas civiles. Como si que se ha avanzado en dos líneas muy claras, la medicina y a la microtecnología, y ha habido una rotunda transformación de nuestras sociedades, pasando de tener un fuerte componente rural a ser sociedades de servicios, cabe pensar que las expectativas sean completamente distintas de las que había hace escasamente medio siglo.

En efecto: En España la expectativa es por conocer cuando acabará la pesadilla del paro y de la mala gestión, por expresarlo con suavidad, de los políticos. En el mundo da la sensación de que estamos ahora a un tiro de piedra de acabar con el hambre, al ver que los emergentes, China, Brasil, India, Rusia, que suponen la mitad de la población mundial, están despegando. Y aunque se va alejando el fantasma de una guerra global, que sería temible con las tecnologías actuales, peor expectativa parece que vaya a tener el final del terrorismo. Quizá dentro de otro medio siglo esté todo más claro.

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