La vida en la gran ciudad (III): la madre de todos los atascos

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 9 de diciembre de 2013

¿Y si se estuvieran cumpliendo mis propias previsiones? En la columna que publicaba el 6 de octubre pronosticaba que esta crisis se había terminado ya y me aventuraba a predecir cuándo se va a iniciar la siguiente.

Los datos macro económicos van dando paso al predominio de las buenas noticias sobre las malas. El buen dato de la evolución del paro en noviembre es la penúltima de estas buenas noticias que dan cuenta de que empieza a prevalecer la corriente positiva sobre la negativa. Alguien puede argumentar que siguen los problemas, que se está despidiendo muchos trabajadores y que siguen habiendo desahucios. Pero esto ocurre también en las buenas épocas. Lo característico de la crisis es que predominan las malas noticias sobre las buenas, y lo determinante de la solución a la crisis es que de las dos corrientes, va ganando la de los buenos datos.

El pasado viernes 6 -12-2013 por la tarde, en mitad del ‘puente de la Constitución’ tuve que llevar a mi hija a coger el tren, pues volvía a Castellón tras unos días en nuestra casa en Alcalá de Henares. Salimos de casa con un generoso margen de una hora para llegar a Atocha a las 8. Y parecía que podía sobrarnos media hora, cuando a la altura de la calle O’Donnell, apenas a un Km de la estación, nos encontramos atrapados en un enorme atasco. Es verdad que a menudo Madrid sólo tiene un atasco, que incluye toda su área céntrica, pero en mi vida jamás me he visto en otra situación igual como la vivida este viernes. Avanzando paso a paso perdiendo minuto tras minuto, con la angustia de que “no llegamos, de ninguna forma llegamos”… al final llegamos con el tiempo tan justo, que tuve que dejar el coche en medio del aparcamiento, con el motor en marcha, quedándose mi mujer al cuidado, y salir los dos, mi hija y yo, corriendo por los pasillos de la estación, arriba y abajo, pues, para más ‘inri’, habían puesto el tren en un andén que no era el que recordábamos como habitual, con la maleta al aire. Llegamos sin aliento y, ¡menos mal!, faltaban 4 minutos para la salida. O sea, con 2 minutos de margen, pues cierran la admisión a menos 2. Fue una carrera de película, además del atasco en el aparcamiento que provoqué yo mismo al dejar el coche en medio. Afortunadamente, un señor muy amable se ofreció a moverlo para dejar paso a otros.

Intuía, y supe después, que el atasco en festivo a esa hora estaba provocado por la afluencia monumental de gente al centro, para aprovechar el puente y hacer compras navideñas. Hay un artículo con una foto publicado en El Mundo el sábado 7 en que se ve la Calle Preciados, donde no cabía un peatón más. Tuvieron que cerrar la estación de Sol y tomar otras medidas extraordinarias para evitar más acumulación de gente. No podían pasar ni las patrullas a caballo que le dan color y ambiente a esa zona.

Al margen de lo desagradable que es vivir pasivamente un atasco, o provocarlo activamente, por las circunstancias que sean, y después de recuperado del mal rato, me alegré un montón de ver que las cosas en la microeconomía puede que estén cambiando también, porque las compras de Navidad parece que están reactivando el comercio y a partir de ahí el consumo va a tirar del resto de la economía. Puede que se estén cumpliendo mis previsiones y puede que la recuperación sea más rápida de lo que creíamos. El gran atasco indicaría que todos quieren despedir este año con ilusión y dejar atrás de una vez los malos tiempos.

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