El amor es un proceso

Hay dos palabras clave en el estudio del amor: ‘proceso‘ y ‘equilibrio‘, que pueden ayudar a explicar muchas cosas, no siempre de fácil comprensión. Escribí hace tiempo sobre este asunto. “Esbozo para un estudio sobre el amor”, sin emplear estos dos conceptos, y prometí volver sobre el tema. Hay tendencia a considerar que el amor es un estado. Es posible. Pero es más útil considerarlo como un proceso. Mucha gente piensa que ama y ya está. Sin embargo, forma parte de la verdadera naturaleza o esencia del amor una acción continuada que consiste en una serie de pasos que hacen que nos aproximemos al ser amado. Y eso cambia nuestro equilibrio.

Como en otras facetas de la vida no hay nada gratis. Todo cuesta y todo tiene consecuencias. Amar implica querer hacer más fuerte la unión cada día y produce un enorme placer, en cualquiera de las formas del amor, que son muchas. Pero para ello hay que ganarse al ser amado cada día. Como los seres vivos somos seres cambiantes, no somos lo mismo hoy que ayer y hemos de adaptarnos continuamente a las nuevas situaciones que espontáneamente esos cambios crean. No hay que dar nada por supuesto, pues es un continuo cambio. Ese proceso, esos pasos, todos los cambios que se producen, van dejando huella conforme se afianza la unión. Empiezan por ser casi nada y acaban por crear un estado o situación tan profundo en que quien ama que se siente como caminando por el filo de un abismo. Cuando la relación es suficientemente intensa, es el abismo que se abre entre la satisfacción por la atracción del ser amado y el pánico o miedo a su pérdida.

Ese andar por el abismo se percibe como un grave desequilibrio. De hecho lo es. La persona que ama, con frecuencia llora, a cada paso que da en su aproximación al ser amado, y siente en su interior que ya no puede agarrarse a lo que era en la etapa anterior, pues ha cambiado. El amor ha modificado su relación con el mundo y su equilibrio anterior. La intensidad y lo amargo del llanto es lo que indica sin duda la profundidad del amor. Luego, en otras etapas del proceso, las cosas se pueden ir calmando, se encuentra otro equilibrio. Pero ya nada es como antes.

Quizá esta pueda ser una nueva interpretación al refrán “Quien bien te quiere te hará llorar”, si entendemos que se trata de un amor recíproco. Porque quien bien te quiere contribuye a acelerar los cambios que se producen en tu equilibrio y porque te muestra sin reservas ni barreras tus errores, para ayudarte a mejorar.

3Palmeras en la playa
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