La primavera como metáfora

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 24 de marzo de 2014

“La metáfora (del griego μεταφορά, formado a partir de la preposición μετά, metá, «más allá, después de», y el verbo φορεῖν, phorein, «pasar, llevar») consiste en la identificación entre dos términos, de tal manera que para referirse a uno de ellos se nombra al otro” (Wikipedia).

La vida no transcurre de forma uniforme, sino como una sucesión de equilibrios, alternada por periodos de desequilibrio o crisis. No es sólo un concepto aplicable a la economía, sino que en lo que respecta al comportamiento humano, y sólo por nombrar algunas pocas, están la crisis de la adolescencia, del enamoramiento, de la jubilación, de la muerte percibida cerca… En general, cada vez que se pasa de un periodo de cierta estabilidad, aunque sea malo, a otro de incertidumbre, cuando aún no se sabe cómo será el desenlace, surge el sentimiento de crisis.

En lo meteorológico identificamos invierno como un periodo de mal tiempo y verano como otro periodo de buen tiempo. Esto es una simplificación, pero es bastante útil: Yo considero mal tiempo, directamente el que me obliga a gastar bastante más en calefacción y el que me da menos horas de luz natural, que de por si alegra un poco. Y entre ambos están el otoño y la primavera, periodos de incertidumbre, de crisis, y en consecuencia de cambio y adaptación.

Con la vuelta de la primavera hay una novedad evidente, y es que todo en la naturaleza brota, rezuma vida: los árboles, que parecían representaciones de petrificados cadáveres, sacan hojas y flores, crecen sus ramas; los cultivos sembrados en el campo se manifiestan, desparramándose, verdes, como por magia; las aves migratorias comienzan a volver; aumentan rápidamente las horas de sol. Todo lo que de triste tiene el invierno se va quedando atrás, de la misma manera que tras la ventisca que parecía el fin del mundo, aparece de nuevo el cielo limpio y se disipan las dudas.

Igual que con la primavera, ocurre con todos los fenómenos cíclicos, que escapan al control humano. De forma semejante, cuando es el tiempo preciso, aquello que impide la evolución, el cambio, se desatasca, se alivia, se mueve y acaba triunfando lo que será. La crisis desatada se acabará, hagan lo que hagan los políticos. La economía volverá a funcionar como si no hubiera sido dañada casi mortalmente. Y lo mismo pasará con los problemas personales que nos acechan. Y nos instalaremos lentamente en otro periodo de calma. La primavera anuncia que hay esperanza después de un trauma, que se vuelve a renacer un número indeterminado de veces. Todas (menos la muerte) tienen una salida, porque el siguiente punto de equilibrio saldrá al paso.

Me encanta el poema de Machado que dedicó “A un olmo seco”, que termina así:

…“olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.”

Y no quiero añadir nada más.

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