La vida en la gran ciudad VI: La procesión va por dentro

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 14 de abril de 2014

Llegan estas fechas de la Semana Santa y luego de la Pascua Florida y todos se echan a la calle, los unos para festejar lo que manda la religión con los oficios litúrgicos y las procesiones y los otros para cogerse unas vacaciones y aprovechar para ver a la familia. O para ambas cosas a la vez. Porque en esta tierra a la que le crecen las fronteras virtuales de las distintas autonomías, resulta que muchos nacieron en una de ellas y ahora, como es normal, por motivos laborales o por haber encontrado pareja de otro lugar, viven en otra comunidad, o en otra ciudad, pero todos tienen en común la Semana Santa y las ganas de unos días de relax, en los que básicamente dejan de hacer lo que hacen a diario.

En consecuencia, los que se quedan para festejar la Semana Santa y los que se van para festejarla en otra parte, están todos impulsados por las mismas ansias. Esa coincidencia, sin freno, hace que ‘todos’ los coches de la gran ciudad la abandonen a la vez, pilotados por intrépidos conductores, capaces de aguantar lo que les echen, con tal de salir de allí. Y así se forma una pelota o avalancha de vehículos en un éxodo masivo, 12 millones de desplazamientos, dicen, alentado si es el caso por una previsión del tiempo favorable, que bloquea todas las vías interurbanas. Una procesión auténtica, dolorosa y sentida como ninguna, con los críos enredando en los asientos de atrás y alternativamente preguntando con voz inocente cuando por fin se cansan, “Papá ¿aún falta mucho?”, a modo de letanía insoportable.

Sin contar con las otras procesiones, estas a pié, pero con equipaje, que se forman en el tren o en el avión, de los pasajeros esperanzados en que les lleven a algún lugar en el que no se acuerde uno del jefe o de los problemas diarios, como si la distancia aminorara la percepción de la realidad, que no lo hace, y pudiera uno abstraerse del cepo que le mantiene atrapado, tipo hipoteca, tipo “mejor no lo muevo, no sea que me despidan y salga perdiendo”, tipo angustia por un problema familiar o de salud. La cuestión es irse y si es posible que este año no aprovechen, como tantos, para hacer una huelga y nos dejen en tierra, después de lo que ha costado ahorrar lo que vamos a pagar por el viaje, por la estancia, por las comidas y por los extras.

Todo esto indica de paso que no estamos contentos con lo que tenemos, que necesitamos irnos, evadirnos, evaporarnos, salir por piernas de nuestra realidad. No cabe duda de que somos un pueblo festero, que aprovecha cualquier excusa para celebrarlo, pero yo creo que lo que nos pasa es que “La procesión va por dentro” y bastante hacemos conque a pesar de todo tenemos humor para celebrarlo.

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