Arrimar el hombro

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 6 de octubre de 2014

Siempre se habla de arrimar ‘todos’ el hombro, de remar ‘todos’ en la misma dirección, de empujar ‘todos’ del carro. Son bonitas palabras. Pero no se cumplen nunca.

¿Acaso no hemos vivido la experiencia de que, cuando se forma parte de un grupo, siempre les toca empujar, arrimar y remar a ‘los mismos’? Casi siempre aquel que se interesa por los resultados es quien tiene que conseguirlos. En el trabajo, en casa, en todas partes, los que se preocupan, los que funcionan y tienen soluciones, acaban siendo los que se cargan con el trabajo y los más inútiles, ‘listos’ e indiferentes se ‘escaquean’, se libran. El razonamiento perverso es que “para qué le vamos a encargar a fulanito que haga este trabajo, si no es capaz” y como no es capaz “lo hará menganito, que ese si que sabe” y al final, acaba ocurriendo que menganito, que siempre soluciona todo, se carga con todos los trabajos y fulanito, que es un ‘inútil’, siempre se libra. En la mili oí un ‘lema’ interesante: “el que pregunta se queda de guardia”. Estaban diciendo que era mejor no preguntar, hacer como que no iba contigo la cosa. (En la mili, con la convivencia, se aprendían pautas de aplicación en el ‘mundo real’. No digo que fueran siempre correctas. A veces, como esta, eran ‘contra-ejemplos’. Pero se maduraba. Una lástima que quitaran la mili).

La consecuencia de esta constante ‘universal’ es que mucho de lo que creemos que es estructura productiva, no es más que el ‘escenario’ en el que sólo unos pocos desarrollan de forma efectiva su función. Considerando el principio de que todo el mundo sirve para algo, lo estamos haciendo mal en muchos ámbitos al no ocupar los ociosos en algo útil. En las familias y grupos de amigos es algo que sólo afecta al reparto del esfuerzo de los miembros del grupo, así que ¡allá ellos! Pero en las empresas y en el sector público, en que el desempeño se paga con sueldos, ascensos y otros reconocimientos, a los que contribuimos muchos con los precios que pagamos o con impuestos, con nuestros recursos limitados, es inaceptable que ocurra esto.

Debería poder establecerse siempre algo que suele ser difícil: una medida efectiva del desempeño. Sería importante, y exigible a los que tienen alguna capacidad de control, detectar y corregir, junto con la incompetencia, la falta de colaboración, los que sólo están el día de cobro. Es muy frustrante para quien está siempre a punto y motivado por los resultados, ver lo que muchos ganan sin pegar golpe. Es una forma de corrupción demasiado aceptada.

¿No tenéis la sensación de que siempre pagamos las clases medias? Y los más ‘listos’ se libran, viviendo tan ricamente. Deberíamos exigir mucho más a nuestros políticos. Por cierto: un motivo por el que no funciona el comunismo es que su lema, “de cada uno según su capacidad y a cada uno según sus necesidades”, es inaplicable.

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