Equilibrio social y estabilidad

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 27 de octubre de 2014

Los fenómenos políticos son caóticos, como pueden ser los atmosféricos, al ser la resultante de múltiples movimientos individuales, cada uno con sus causas o motivaciones.

Por analogía con el tiempo, en la sociedad se puede presentar una situación de estabilidad y paz o una situación de inestabilidad y revolución, pasando por todos los estados intermedios, como los de cambio periódico de gobierno tras una confrontación electoral. La estabilidad tendría como metáfora el anticiclón y la inestabilidad la borrasca, siendo los cambios de gobierno semejantes al paso de un frente. Fuerzas profundas, movimientos coincidentes de muchos de los factores, a modo de suma vectorial, serían los sujetos de los cambios.

Pero ¿qué produce la estabilidad?, ¿cómo puede una sociedad estar en una situación estable? El régimen y ‘reglas del juego’ que rigen influye:
Un estado potente y realmente democrático contribuye a dar estabilidad social.
Si los gobernantes son honrados y hacen que el pueblo viva mejor, eso da estabilidad.
Si hay bonanza económica y la gente ve recompensado su trabajo con el disfrute de bienes o servicios acordes a su esfuerzo, hay más razones para la estabilidad.

Al igual que ocurre en la atmósfera, o en cualquier sistema formado por multitud de partes, se establece espontáneamente un equilibrio, que puede ser alterado por circunstancias diversas, pero que hará que el sistema intente restituir las condiciones que le dan estabilidad. Aplicado este principio a la política resulta:
Si el régimen es duro con los ciudadanos honrados y blando con los criminales y permite abusos, crímenes, actuaciones desleales, los ciudadanos desearán que se cambie el régimen.
Si los gobernantes son corruptos y se lucran del esfuerzo de todos, se producirá su rechazo electoral.
Si hay dificultades económicas, la gente se acostumbra a gastar menos pero exige también al estado que gaste menos.

Desoír estos movimientos profundos y espontáneos es lo que conduce al desequilibrio y descontento social. Las ‘precipitaciones’ consecuencia de ello son el auge del nacionalismo, la desafección por los partidos del sistema y escalada de movimientos antisistema. Ambos son hijos del mismo mal. Las oleadas de políticos que hemos sufrido desde la transición no han establecido un régimen en el que el pueblo se sienta totalmente identificado (Se dice “Este País” en lugar de “España”). Sin control efectivo entre los distintos poderes, resulta demasiado fácil caer en la tentación del lucro personal a gran escala y en la corrupción. Hay demasiados trucos para que los políticos tengan distintas fuentes de ingresos que hacen demasiado atractiva la carrera política y sus miembros se constituyan en clase (“casta”) que defiende sus privilegios.

Agravado por la crisis, había un clamor popular, casi tan fuerte como en la transición, por que se produjera un cambio real de todo eso. No solo para que lo que estaba colapsado, funcionara. Si no se abordan cambios de calado desde el poder, temo que podrían venir años muy duros de cambios, forzados desde la ciudadanía.

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