San Valentín

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 16 de febrero de 2015

Siempre había pensado que San Valentín era una simple excusa para fomentar las ventas en los comercios en una época en la que se vislumbra el final próximo del invierno y los consumidores han medio-superado la cuesta de enero. También tiene todo el aspecto de ser una más de esas fiestas anglosajonas que acabamos copiando el resto de los humanos. No en vano los Estados Unidos son, todavía, el ombligo del mundo, nos llevan medio siglo de ventaja en modas y hábitos y todo lo que ellos fomentan lo copiamos en los demás países, sin distinción de ricos y pobres.

Al parecer, y a pesar de que su figura debe haber sido ‘cocinada’ por la leyenda, San Valentín sería un sacerdote que casaba en secreto a los jóvenes soldados, en la época del emperador Claudio II (año 270 de nuestra era), en contra de un decreto que prohibía a los soldados casarse, para que no tuvieran cargas familiares. Ello, en una época de persecución del cristianismo, y por lo que de enfrentamiento con el poder suponía, le costó la cárcel, la tortura y finalmente su ejecución.

En memoria suya, con una intensidad dispar a lo largo de los siglos, ha ido surgiendo una devoción, muy bien aprovechada, para llegar a transformarlo en el patrón y protector del amor y la amistad, bajo cuya influencia, personas de toda condición se invitan, se escriben, se regalan flores y dulces, y otros objetos más o menos valiosos, y aprovechan para manifestarse su aprecio y cariño, cada cual según sus circunstancias y costumbres.

Reflexionando sobre la leyenda, destaca el rasgo de transgresión y protesta contra el poder constituido, que, siendo típico de los jóvenes, debería también explicar, que la devoción por el santo se manifiesta más bien en esa etapa de la vida. Como no creo que en realidad muchos conozcan demasiado sobre la vida del personaje, aunque no sea la causa, puede quedar como una curiosa coincidencia, la rebeldía del santo que es también propia de la juventud. Y esto hace que me empiece a caer más simpático: un hombre que se enfrenta con sus medios, siguiendo sus principios morales, a decisiones que considera injustas, y es capaz de defenderlas hasta el final, sin hacer daño a nadie.

Pero en la actualidad esta fiesta, que parece que es más antigua de lo que yo creía, tiene otra connotación importante y de total actualidad. En el mundo occidental, y particularmente en España, con una tasa de nacimientos en valores que no garantizan la reposición de la población; con unos habitantes cada vez más envejecidos; con una tasa de paro como la que tenemos, aparte del folclore que rodea la festividad, necesitaríamos alguna clase de San Valentín que hiciera algo parecido a lo que hacía el auténtico. Algo estamos haciendo mal cuando los jóvenes no se casan como antes. Fomentar familias numerosas como cuando yo era niño era excesivo, pero lo de ahora me temo que es peor.

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