El cerebro como caja de música

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 23 de febrero de 2015

Vi esta semana un vídeo de TED-Ed que está circulando por la red, que habla de estudios neurológicos en relación a la música. Parece ser que simplemente escuchar música hace que se activen diversas partes del cerebro que se saben responsables de funciones básicas de nuestra actividad cognitiva y las neuronas ‘participan de una gran fiesta’. Pero cuando en lugar de escuchar música se interpreta, el cúmulo de partes del cerebro que se activa es todavía mayor y no se limita a una actividad localizada sino que se incrementa de forma notable la comunicación entre todas las partes, incluidos los dos hemisferios cerebrales: el izquierdo que sabemos que gobierna el comportamiento racional y el derecho, base de las funciones emocionales, sumiéndose todo el cerebro en unos grandes ‘fuegos artificiales’. El intérprete parece ensimismado en la ejecución de la música y en el manejo del instrumento pero mientras tanto su cerebro está celebrándolo por todo lo alto.

La capacidad para tocar un instrumento incrementaría el tamaño y actividad de partes como el cuerpo calloso clave en las conexiones cerebrales entre hemisferios y mejoraría un gran número de aptitudes relacionadas con la dirección, decisión, comprensión y resolución de problemas, capacidad de la memoria y otras muchas habilidades útiles en el trabajo y la sociedad. Además la música evoca todos los estados de ánimo.

Me vino a la memoria, y lo relacionaba, con lo que divulgó Daniel Goleman en sus libros publicados sobre la inteligencia emocional, tras cuya lectura tuve claro que en nuestra sociedad parece primar la enseñanza y educación de las habilidades relativas al razonamiento lógico y al uso de la lengua y las matemáticas, todo ello muy respetable, relegando otros aspectos de la inteligencia. Porque en efecto hay varias clases de inteligencia, y no solo la racional: la experiencia personal nos indica que junto a la inteligencia racional y la capacidad de la memoria, existe la inteligencia y sensibilidad artística, la del dominio de las emociones y de las relaciones interpersonales, la de la capacidad y destreza del cuerpo mediante la danza y la actividad deportiva…

También es bueno considerar que cuando un profesional de cualquier disciplina, sea científica o artística está trabajando, no se cansa, no sufre, sino que entra en un estado de flujo en que todo su conocimiento se vuelca en la actividad desarrollada, hasta el punto que casi no tendría ningún mérito, si el mérito lo basamos en el esfuerzo. En ese estado de flujo, el que lo vive está creando y eso supone un disfrute, que tiene su retribución en el propio trabajo.

¿Hay algo más bonito que conseguir que cada uno haga aquello para lo que está dotado? ¿Qué falla para que no seamos capaces de fomentar y reconocer la creatividad de todos los tipos de seres humanos? Creo que tenemos que aprender de estos experimentos y sacar conclusiones de cara a mejorar la formación y promoción, y de paso la felicidad, de cada uno.

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