Año Internacional de la Luz

Publicado en http://www.castelloninformacion.com el 15 de junio de 2015

A final de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el presente año como el Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías Basadas en la Luz. Es una celebración polifacética. Va a haber en España una bonita ‘paleta multicolor’ de congresos, conferencias, jornadas y workshops. Hay cantidad de proyectos relacionados en el campo docente, en la industria, artísticos y de divulgación. La Sociedad Española de Óptica gestiona un portal que aglutina toda la información disponible sobre el evento en “luz2015.es”.

Sólo por centrarnos en un campo mínimo de lo que significa la luz para la sociedad actual, sin despreciar que, en la naturaleza, mediante la luz recibimos la energía del Sol, de la que depende la vida, me gustaría resaltar lo que hace el conocimiento de la luz para sostener la comunicación.

La tecnología actual está empleando, junto los satélites de comunicaciones y a otros medios terrestres anteriores, la fibra óptica como canal de comunicación global, y depende de ella para soportar continuamente la avalancha de datos que se transmiten por la red a gran escala entre continentes. Desde la todavía relativamente reciente introducción de la fibra óptica en telecomunicaciones se ha observado un crecimiento imparable de las necesidades de transmisión y ha habido simultáneamente que inventar distintas generaciones tanto de fibra, cada vez más capaz y ligera, como de diferentes métodos o protocolos de transmisión, para ir adecuando toda la red a las necesidades de los usuarios gubernamentales y particulares.

La situación recuerda las tesis de Robert Malthus en su Primer Ensayo sobre la Población, sobre la catástrofe que se tenía que producir sin duda porque la población crece de forma exponencial, pero los recursos lo hacen a un ritmo lineal, de forma que era inevitable la irrupción de hambrunas y mortandades masivas al alcanzar el punto en que no habría suficiente provisión de alimentos para suministrar a toda la población (cosa que no ocurrió).

Así que nos veremos abocados a un fracaso inevitable de la red cuando no seamos capaces de tener suficientes canales para transmitir todos los datos que se generan y se envían al otro lado del globo. Y eso puede suceder realmente muy pronto. Es una guerra continua de los investigadores, que los imaginamos como muy cómodos en sus laboratorios, y sin embargo tienen una labor estresante para evitar el colapso que viene si no hacemos nada nuevo.

Estamos habituados a que en términos reales los costes de comunicación por unidad de información transmitida se han ido abaratando. Si se cumplen los presagios más negativos, lo primero sería, como mandan las leyes del mercado, un encarecimiento insostenible de la transmisión de datos y luego, tendremos medios para operar a distancia de Nueva York a Madrid, pero no podremos usarlos porque estarán todos los canales ocupados por las aplicaciones de mensajería y la TV on-line. Será otra clase de ‘hambre’, salvo que se invente algo para evitarlo. Mantengamos la calma y confiemos.

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