Lux perpetua luceat eis

Que brille la luz perpetua en ellos. El Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y de los Difuntos (2 de noviembre) escenifican, con los primeros fríos en el hemisferio Norte, lo triste que es estar muerto, sin generar ya calor ni movimiento, mimetizados con el tiempo meteorológico que ya apremia en estas fechas a sacar las mantas para la noche y con los árboles que dejarán que sus miembros sean zarandeados sin control por el viento.

Triste amanecer del Día de todos los Santos
Triste amanecer del Día de todos los Santos

Tan triste como queramos, pero muchas veces compendio de hipocresía y de exageración.

La lejanía física y del tiempo va transformando a todos los difuntos en Santos, sin importar si fueron crueles, si ese fuera el caso, o borrando sus pocos o múltiples defectos. Siempre hay una palabra de consuelo para viudos y deudos, cuando a lo mejor quisieran olvidar.

Luego está el negocio de las flores y el dejar la tumba limpia para que la vean los vecinos.

Cuando quien murió y ya no está realmente era un ser querido, todo ese folklore es superfluo y no hay nada que mitigue su ausencia. En realidad sólo el amor perdura. Pero ¿dónde está el amor? Más vale que se manifieste en vida, más vale que sea percibido por el ser amado. De nada vale aparentar su añoranza cuando ya no puede volver.

Los ritos cristianos son un ejemplo de protocolo y buenas prácticas para dar una despedida, homenajeando al difunto. Sin embargo yo lo que aprecio es lo que pudo disfrutar como ser humano con nuestra presencia, cuando aún estaba aquí y tenía necesidades e ilusiones muy concretas. Los homenajes hay que darlos en vida.

Otra perspectiva es la celebración como fiesta, tal como parece que es en México y en Filipinas. ¿Porqué no? Si además se tiene la creencia de ‘otra vida mejor’, ¿porqué no celebrarlo con los que ya estarán en ella?

Pero yo prefiero mantenerme al margen. Nunca me ha gustado alegrarme o entristecerme “porque hoy toca”. Yo, que vivo lejos, ya honro a mis muertos cuando voy a pasar unos días cerca de donde están. No necesito una fiesta para ello. Entiendo que cada uno tiene sus circunstancias y sus valores. Hay que tener mucho respeto por estas cosas.

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