Existe vida inteligente: “Antifrágil” por Nassim Nicholas Taleb

Creo que es el primer comentario que hago en este blog sobre un autor o una obra escrita. Con Nassim Nicholas Taleb y su libro “Antifrágil. Las cosas que se benefician del desorden”, que me ha entusiasmado, inicio este ‘catálogo de vida inteligente’.

Hago justicia al lema de mi blog “Buscando vida inteligente” al hablar del autor y su obra, pues aquí la inteligencia se manifiesta en ver claramente como son las cosas y la relación entre ellas, aunque sea a contracorriente del significado que les otorga la costumbre; y ser capaz de exponerlas sin la jerga creada por los especialistas para darse autobombo. El contenido teórico matemático se relega a anexos al final del libro, que no se necesitan para comprender todos los conceptos escritos con humor y en lenguaje plano, en el texto principal. Hay un glosario y una lista de referencias a lecturas de interés y abundante bibliografía al final del libro. La lectura fácil combinada con la profundidad de los conceptos, es lo que cautiva en esta magistral obra.

El libro “Antifrágil” apareció ante mi vista en el mostrador de la estantería de La Casa del Libro dedicada a la divulgación científica, en su faceta matemática. Al principio me llamó la atención por lo aparentemente paradójico del título, pues va contra el ‘sentido común’ que nos dice que el orden, y no el caos, podría originar unas condiciones más adecuadas para realizar cualquier objetivo. Hasta que lo ojeé y vi a qué se refiere.

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El autor, Nassim Nicholas Taleb, introduce el concepto “antifrágil” en oposición a frágil, explicando porqué resiliencia o robustez no es lo opuesto de frágil.

Los sistemas frágiles y los robustos sufren las crisis. Los segundos resisten y los primeros salen muy dañados o desaparecen. Pero los antifrágiles, no solo resisten sino que sacan partido de la crisis.

Estima que un objeto es frágil si no le gusta la variabilidad y la incertidumbre. Nos da explicaciones a las que no estamos acostumbrados o no tomamos en cuenta para los fenómenos relacionados con la economía y la medicina, como la observación de la “convexidad-concavidad” (concepto matemático-geométrico fácil de identificar, que nos enseña a aplicar) del comportamiento de algo frente a la variabilidad del medio; “opcionalidad” (y por tanto inteligencia) como forma de “antifragilidad”; “vía negativa” y ausencia de la “iatrogenia” y del “intervencionismo ingenuo” en evitación de males crónicos.

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Me encanta en su exposición el valor prioritario que le da al empirismo y a la fenomenología, o conocimiento adquirido por la práctica y la experimentación en sistemas complejos, frente al conocimiento racionalista más propio de teorizar y dar nombres raros a las cosas y escribir ecuaciones incomprensibles. Jugarse la piel en el intento, en lugar de hablar desde la academia. Es Tales frente a Aristóteles. Es decir: valora los datos, y no las construcciones mentales sobre ellos. Así como la ética típica de emprendedores, de involucrarse y arriesgar en sus asuntos; y no la de actuar, como muchos directivos, con la comodidad que da no perder nada con las decisiones erróneas. Un modo radical de aplicar el conocimiento y al mismo tiempo la moderación de la ética estoicista (Séneca), a los negocios.

Lo que más me ha gustado del libro es el valor casi nulo que le da al análisis de riesgos, pues es verdad, según su punto de vista que comparto, que no se puede predecir qué riesgo nos afectará en el futuro con los datos recopilados en el pasado, ya que un incidente anormal, con una probabilidad despreciable, una rareza estadística, según su terminología un “cisne negro” (fenómeno que da título al bestseller anterior del mismo autor), de efectos devastadores, puede suceder de forma inesperada, cambiándolo todo sin que siquiera hayamos sospechado de su venida. La solución es acostumbrarse a diseñar y construir evitando la fragilidad, pensando no simplemente en resistir, sino en sacar partido de la variabilidad y de la incertidumbre, salir adelante con más fuerza tras un incidente de cisne negro, para prosperar justo cuando los demás se ven afectados por la fuerza de los acontecimientos.

En este contexto, en general, un buen pronóstico de permanencia o vigencia de algo (que no sea un ser vivo) es que tendrá más esperanza de vida aquello que es más antiguo, que ha sido capaz de superar circunstancias cambiantes (libros, comidas, costumbres), siempre que no esté sujeto a la “neomanía”, como la tecnología, que necesita continuas actualizaciones. Por contra, nosotros como seres vivos tenemos nuestro destino escrito, que es morir tarde o temprano, en beneficio de la mejora de la especie, mediante la transmisión de los genes o de la inteligencia (que es como la naturaleza manifiesta su antifragilidad), aunque aumente la esperanza de vida al reducir ciertas fuentes de mortalidad.

Desde mi punto de vista es uno de los pocos libros que salvaría de mi biblioteca si tuviera que elegir. Y, puede que no lo haya pretendido el autor, pero tiene total aplicación a la Continuidad de Negocio y a la Gestión de Crisis.

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