“Susie Q”. Un poema vale más que mil ecuaciones

En los ’60, el grupo Creedence Clearwater Revival versionó “Susie Q“. La letra contiene una declaración de amor peculiar (escucha): I like the way you walk / I like the way you talk.
Conceptualmente es la más breve y efectiva definición de afinidad con el modo de ser y actuar de un ser humano que conozco.

A veces, los poetas son capaces de describir mejor con sus creaciones, aquello que los científicos han de intentar calcular a duras penas con sus modelos y ecuaciones. Este par de versos es un ejemplo de ello al mostrar dos de las facetas del comportamiento: el común a los seres vivos del reino animal (desplazarse) y el específico humano (comunicarse).

Lo primero, la presentación

Mi nombre es Juan Teodoro y voy a hablarles de Caos, prestigio y equilibrio social.

Tuve el honor de participar en un evento TEDx. El organizado en la St. Louis University de Madrid, dirigido por el profesor Javier Gamo.

>>Este es el enlace al video en Youtube:<<

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Predecir el futuro

Este hombrecillo que me habla en la figura de abajo dice que está buscando vida inteligente en nuestro planeta.

Para saber si hay indicios, lo primero sería definir esa tal inteligencia. Quizá la inteligencia consista en elegir la mejor entre las opciones. Para ello, igual que en el ajedrez, tendríamos que predecir qué jugada es la mejor.

Se observa que la mayor parte del tiempo, los humanos nos preguntamos cómo podemos predecir el futuro.

Ese empeño es fundamental para tener éxito en cualquier cosa que hagamos pues, ¿porqué tendríamos que continuar en una opción, si sabemos con certeza que saldrá mal?

A esta tarea dedica nuestro cerebro una importante cantidad de esfuerzo. Los científicos, con sus leyes, modelos y teorías buscan lo mismo.

Vivimos en un mundo complejo

No es tarea fácil. Y aún menos si se trata de predecir o entender la conducta humana, pues vivimos en un mundo complejo. En efecto, los humanos somos seres vivos: nos relacionamos, nos alimentamos y con un poco de suerte nos reproducimos. También somos seres químicos: basta con apreciar la energía que se libera por las reacciones que sufren los alimentos que ingerimos. Funcionamos como pequeñas centrales térmicas, capaces de producir una potencia, que en un ser humano es del orden de 100 w (En esta sala con 100 humanos el aire acondicionado ha de evacuar 10 Kw solo para mantener el aumento de la temperatura que provoca nuestra presencia). Por si faltaba algo, somos seres físicos: no conozco ningún científico que cuando cae, se estampe en el techo (en esto nos comportamos como una piedra); en compensación, gracias a la atracción de la gravedad que sufrimos, podemos caminar. Nuestro comportamiento depende de todos esos condicionantes

Entendiendo el caos

(Imágenes tomadas de Wikipedia)

Además de complejo, nuestro mundo es caótico, aleatorio, y la cuestión de la causalidad no está demasiado clara.

Las cosas no son lo que parecen. Grandes mentes han contribuido al desarrollo del conocimiento sobre nuestro universo y sus mecanismos.

 

Newton nos regaló una especie de libro de instrucciones del mundo, del que me atrae la idea de la inercia. A la materia no le gusta cambiar de forma ni de velocidad y hay que ayudarla para que se decida a cambiar, aportandole energía

Una restricción notable, que dio origen a la física cuántica fue la aportación de Planck con sus cuantos.

La energía se propaga en paquetes.

Hay un mínimo para el valor de esos paquetes y no pueden adoptar todos los valores, sino múltiplos de ese mínimo.

La realidad que nos parece algo continuo, da lugar a un mundo cuantificado. Es el inicio de una nueva Física.

Heisenberg nos hizo ver con su principio de incertidumbre, que no es posible conocer simultáneamente la posición y energía de una partícula. Si eso ocurre para el comportamiento de una partícula subatómica, imaginemos lo que ocurrirá con el comportamiento de un ser tan complejo como el ser humano.

Por si faltaba algo, Schrödinger explicó que cada cuerpo físico tiene una dualidad onda-partícula, y exhibe propiedades de ambas clases de realidades.

Hay un concepto que aún escapa a toda consideración lógica, que es la aleatoriedad.

Bohm atribuye cuestiones relativas a la arbitrariedad del comportamiento de las partículas elementales, a variables ocultas, que deben actuar en distancias tan minúsculas que jamás podremos investigarlas directamente. Sea como sea, parece claro que resulta imposible conocer el comportamiento de un cuerpo complejo mediante el estudio de sus partes.

Penrose le da otra vuelta de tuerca a la cuestión de la realidad, el conocimiento y la conciencia. Tenemos un modo de conocer que no es computable; no es algorítmico. Nuestro mundo platónico de las fórmulas es solo un modelo que intenta explicar una realidad bastante más rica, de la que, cerrando el círculo, forma parte nuestra mente, que es la que crea esas fórmulas. Por ello, la realidad no es como la formulamos, sino como es. Esta dificultad se suma a la incertidumbre, la dualidad, la aleatoriedad y lo oculto

Equilibrio

Los científicos tienden a filosofar, incluso cuando escriben ecuaciones. Vista la complejidad del mundo físico, veamos ahora el mundo químico.

Le Châtelier, químico, aporta un modelo fundamental para estudiar el comportamiento: su famoso principio, basado en el equilibrio, que veremos a continuación. Nos acabará recordando la inercia de Newton, pero de otro modo. Es una inercia dinámica.

Un concepto básico de química es el de equilibrio.

Ocurre cuando los reactivos en una reacción dan lugar a unos productos, que reaccionan a su vez, en sentido contrario, para producir los reactivos de los que partimos. Hay un momento en que la velocidad de ambas reacciones se iguala espontáneamente, dando como resultado una determinada concentración estable de las distintas sustancias.

Se ha determinado que hay una relación sencilla que liga la relación de las concentraciones de las distintas sustancias presentes en la fase de la reacción.

Esa relación es constante (K).

La constante K de equilibrio es característica de cada sistema y de cada condición de ensayo. Si se varía la concentración de una sustancia, varían las de las demás para que se siga cumpliendo la ecuación.

Le Châtelier aplica este concepto para afirmar que el sistema en equilibrio reacciona ante cualquier agente que modifica las condiciones, de forma que minimice los efectos de dicho agente. Si la reacción en el sistema produce un gas y ese gas abandona la escena, (porque, por ejemplo, el matraz está abierto), entonces la reacción seguirá adelante produciendo más gas, ‘intentando’ que el producto de las concentraciones no varíe. Un sistema en equilibrio se adapta a los cambios.

La moral individual

Aquí tenemos un ser vivo que tiene distintas interacciones con el medio: se alimenta, produce unos desechos, recibe unos estímulos y produce unas señales.

Pero lo más importante es que en su interior tiene un par de procesos (llamémoslos simplificando reacciones) que por un lado aprovechan los alimentos para reponer sus componentes (anabolismo) y por otro da lugar a unos residuos (catabolismo), que acaba expulsando al medio; el conjunto de reacciones en su interior se llama metabolismo.

Automáticamente, cuando se igualan ambas corrientes o procesos, se establece un equilibrio.

Esto supone implícitamente toda la conducta tendente a conseguir alimentos y a crear las condiciones que le dieron origen, para reproducirse.

Sin esas condiciones, simplemente no existiría como ser vivo.

Hemos quedado que somos seres químicos; en consecuencia, será de aplicación el Principio de Le Châtelier. Me ha salido el bicho, como una croqueta, bastante apetecible ¿no creen? parece incluso bueno de comer.

Es cosa del equilibro el impedir que una amenaza modifique nuestro mundo. Para ello el ser vivo realizará todas las acciones que sean necesarias para mantener su estado y estabilidad, lo que tendrá como resultado una conducta defensiva y conservadora, bien sea apartándose del peligro o enfrentándose a él. Lo que los valencianos dicen “farem foc o fugirem?”.

 

De hecho, algo que cambie nuestras condiciones de existencia tiene como respuesta una reacción. ¿No les recuerda esta resistencia a las leyes de la inercia de Newton? Desde luego recuerda a la constante de equilibrio de Le Châtelier. A pesar de todas las restricciones formuladas puede que tengamos un modelo muy simple que explique el instinto de supervivencia y la tendencia de los seres vivos al inmovilismo, al mínimo esfuerzo.
No solo ocurre esto. Sabemos por nuestra propia naturaleza, aunque el fenómeno es común a los seres vivos, en particular a los animales, que, si ante un cambio en el entorno, reaccionamos correctamente, recibimos un premio que se llama placer o agrado. Es mayor cuanto la reacción realizada afecta más, supuestamente, al mantenimiento de nuestras condiciones. El placer es una medida de la estabilidad adicional que conseguimos con nuestra acción.

Esta es la base de la moral individual.

Diremos para abreviar que la moral individual es egoísta.

El placer actúa como una droga y crea adicción a las acciones que lo producen.

Cuando solo pensamos en nosotros actuamos de forma egoísta (vaya descubrimiento). El descubrimiento es relacionarlo con el equilibrio de nuestro metabolismo.

La moral de grupo

Ahora vamos a ver qué interacciones se producen entre un humano y el entorno de un grupo.

Observen que he cambiado el ‘bicho’ por un ser humano: el comportamiento que sigue está extendido entre los animales, pero es característico y determinante de ser un ser humano.

Un ser humano pertenece a diversos y variados grupos.

Típicamente, la pertenencia a la sociedad en general, nos lleva a desarrollar un trabajo, a cambio de una remuneración o salario.

Recibimos una educación, pero también contribuimos a la reproducción cultural (o de las ideas y modelos), del grupo. Hasta aquí todo normal.

Solo que a veces, alguien, en un momento dado, supera las expectativas que tenía el grupo al respecto de su función, o realiza una labor excelente, a juicio de los otros miembros. El colmo es que sea una acción altruista, es decir negar las propias necesidades como ‘bicho’ para ayudar o hacer la vida fácil a otros miembros del grupo: lo que llamamos altruismo.

Si el grupo tiene conciencia de esa acción o desempeño, proporciona al miembro sobresaliente un atributo que se llama prestigio o reconocimiento.

Y se establece espontáneamente un equilibrio.

Esta vez entre el exterior del individuo y el interior del grupo.

El prestigio otorga a quien lo recibe muchos privilegios: más retribuciones, más alimento, parejas más apreciadas.

En los animales sería el fenómeno del macho alfa. En los humanos tiene relación con el liderazgo, que no es sólido sin altruismo.

La base de la moral de grupo es la acción altruista en beneficio del grupo. Este conjunto de interacciones de altruismo y prestigio o reconocimiento configura una relación del individuo con el grupo. Es algo semejante a las continuas interacciones del electrón en un átomo que se manifiestan como una unión estable. Un grupo se fortalece cuantas más relaciones de este tipo se crean entre sus miembros. El caso más notable es el de las relaciones de pareja. También las relaciones de tipo religioso. Los héroes son altruistas. A todo ello, si es continuado, le llamamos también ‘amor’.

Pongamos ahora un ejemplo más prosaico. En la recepción del embajador, en la que hay ricos canapés en una bandeja, la tentación de asaltar la comida, digamos como un animal, es grande a una cierta hora, de ayuno, tras los discursos. El comportamiento del humano, en cambio, es ofrecer el contenido de la bandeja a los acompañantes cercanos y solo luego atacar los canapés. Con ello se tiene el reconocimiento de los amigos y se prueba que a veces la faceta humana prevalece sobre la puramente animal.

Placer y prestigio se vueven estímulos

Lo curioso de esta historia es que el placer y el prestigio, que ocurren al final de una acción, con mucha frecuencia son en realidad las causas que impulsan a que ocurra.

En el momento en que buscamos placer y prestigio estamos haciendo que en lugar de ser medidas se conviertan en causas.

La medida está afectando al curso del experimento.

Igual que ocurre en el mundo de las partículas subatómicas.

Hay que ver los hechos en su conjunto, de forma que la relación causal es una forma de contar o comprender la historia, pero los hechos ocurren como un todo.

La causa y el efecto se desdibujan. La anécdota de cómo mi profesor de química orgánica me dijo que yo debería ganar el nobel de química…”si fuera cierto lo que puse en el examen”, que no he olvidado en 50 años, muestra la fuerza de un futuro reconocimiento figurado, aunque de momento no se ha dado aún.

Un ejemplo, que resulta revelador de hasta qué punto la búsqueda de la gloria, que es el máximo exponente del prestigio, orienta la acción humana podemos encontrarlo en el libro de Puchner sobre El poder de las historias.

En su primer capítulo cuenta que Alejandro Magno vivió representando un drama paralelo al de Aquiles, el personaje en la Ilíada de Homero de la Guerra de Troya. Por ello, antes de atacar a Darío el Persa, al que venció en varias batallas, hasta el triunfo final, fue a Troya a rendir homenaje a sus héroes. Alejandro en sus conquistas llevaba consigo un ejemplar de la Ilíada que le regaló su preceptor, Aristóteles.

Un poema vale más que mil ecuaciones

Posiblemente sin el poema de la Ilíada, no habría habido un Alejandro que conquistara y helenizara todo el oriente próximo.

Ni con 1.000 ecuaciones hubiéramos podido prever (aunque sea a posteriori) el estímulo y el reto que suponía para Alejandro el macedonio la conquista de Persia, imperio enemigo ancestral de los griegos, siempre amenazándolos.

La gloria de Alejandro estaba ahí implícita en el poema, como ejemplo para quien pudiera emularla.

En la canción “Susie Q” se define con dos versos las características que al chico le motivaban de la chica de la canción: su comportamiento como ser vivo que era: “I like the way she walks” (me gusta su modo de caminar), y su comportamiento como ser humano “I like the way she talks” (me gusta su modo de hablar).

Los modelos alumbran hipótesis plausibles de la realidad, que son fruto de la intuición y que muestran cómo funciona nuestra inteligencia, no algorítmica, sino en gran medida emocional. Y los poemas surgen cuando el fondo inconsciente de nuestra inteligencia, crea relaciones que nuestra consciencia no se atreve a expresar, por atrevidas o porque van contra corriente.

Puede que haya vida inteligente en este planeta, después de todo…

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